viernes, 22 de febrero de 2013

¿HACE EL HÁBITO AL MONJE?

El ser humano es un ser de hábitos, todos/as realizamos/as acciones de manera consciente o inconsciente que han sido repetidas a lo largo de nuestra vida, y las ejecutamos de forma prácticamente automática y sin esfuerzo. A menudo os cruzaréis con personas que os asegurarán que su vida se rige por el impulso y la improvisación, incluso esas personas que reniegan de la rutina por miedo a la monotonía, están fuertemente sujetas al hábito "de ser diferentes" (hábito por cierto, al que todos los seres humanos, en mayor o menor medida, aspiramos, y es más común de lo que nos imaginamos)


Un hábito no es innato, es aprendido, por tanto puede modificarse, pero no es fácil: pensad que muchos de nuestros hábitos han sido incorporados en nuestra vida bien en nuestra infancia, o bien creemos firmemente que nos beneficia y no reconocemos nuestra dependencia del hábito, o en otros casos, ni siquiera somos conscientes de su presencia. 

Sin embargo, no todos los hábitos son negativos, efectivamente existen hábitos positivos que nos ayudan a ordenar y equilibrar nuestra vida, reconocer y medir el hábito en su justa medida es, en este caso, la opción más adecuada. 

 Es muy curioso tener en cuenta que hemos adquirido hábitos a lo largo de nuestra vida como respuesta a distintas situaciones que han ido surgiendo, existen distintos tipos de hábitos y se forman como respuesta del individuo al entorno que lo rodea. Una persona genera hábitos según sus valores, ideas, necesidades...Y estos a su vez influyen en su personalidad. Que el hábito no se vuelva una necesidad es la clave para que no se convierta en algo negativo.







¿Cuántas veces hemos oído "no me gusta estudiar" o "no sirvo para estudiar"? Pues bien, el 95% de los casos que he conocido suelen ser personas, alumnos/as, inquietos/as, con curiosidad por muchas temáticas, participación activa en temas de actualidad, interesantes aficiones, una creatividad muy desarrollada...En definitiva, mentes inquietas que el sistema académico no ha sabido integrar. Y este error, me atrevo a decir, se debe a la falta de elementos motivadores, y sobre todo, a la insistencia continua en un modelo de estudio basado en la repetición y la memorización.


Por este motivo, estoy leyendo e indagando en la red y en otras fuentes, técnicas de estudio que puedan ayudar a mis alumnos/as y a todo/a aquel/lla que lo necesite. De momento empezaré por adjuntar una infografía que insiste en la importancia de crearnos un hábito de estudio.



























Aunque en principio este método clásico parezca tedioso, su eficacia esta más que demostrada, y en primera persona, ya voy observando cómo mis alumnos/as no solo incrementan sus notas, sino que también se sienten más relajados ante los exámenes, más satisfechos/as con el trabajo realizado, y consigo mismos, y más seguros/as. El resultado más ilustrativo es que cuándo les pregunto sobre algún tema ya pasado, del trimestre anterior, recuerdan datos (los más importantes) y ya no ocurre, como regla general, el universal proceso "estudio, vomito en el examen y al día siguiente está todo olvidado". 

En definitiva, ¿no es este el objetivo (el de aprender, y no memorizar) que debería darse siempre? Pues entonces, pongámonos en marcha y vamos a trabajar con todo lo que esté en nuestra mano para conseguir esos resultados positivos. De momento, esta semana nos quedamos con el planning de generar buenos hábitos de estudios partiendo de la creación de un objetivo positivo que vamos a tener siempre presente para que nos anime en el proceso, como por ejemplo: 


 Teniendo en cuenta todo esto...Os espero en la próxima entrada hablaré sobre el primer paso de nuestro plan: crear un horario que nos permita estudiar y tener tiempo para el ejercicio, el ocio y las actividades sociales en "Planifica de manera realista"

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